Lagrima de Luna

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hoy vengo a compartir con ustedes la historia de mi personaje de D&D y de su familia, la llevo roleando un año y poco mas, le tengo un enorme cariño,ya que es mía y únicamente mía, la llevo roleando desde que el personaje tenia 3 años y su crecimiento y aventuras, así que quería compartir con ustedes este escrito realizado por mi Dungeon Master y hermano para mi ; espero lo disfruten tanto como yo .

Lagrima de Luna

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Ven niña, ven, te contaré una historia que quizás quieras saber. Se trata de amor, ira y venganza, y del porqué una acción de protección, acarreó la destrucción de una familia que quedó sin corazón.
Era una hermosa y despejada noche de creciente y luna llena, la luz bañaba todas las montañas Felagund y convertía a Finwe, el río que nacía en el Kanasel cerca de Ireth, en un celestial camino de plata y cristal, familiares de Amaalaera celebraban su cumpleaños danzando bajo la hipnótica melodía susurrante de la flauta de Arlirr y las cuerdas del arpa de Arnari. En menos de un parpadeo la luz se desvaneció y la música se transformó en gritos de dolor. Eirnae quedó perpleja por un instante, por eso, cuando su mano al pomo de su cimitarra centelló, un virote envenenado a su corazón ya había silenciado.
Naimahs susurrando rápidas palabras desvaneció la oscuridad trayendo la realidad, hermosos elfos con cabellos níveos y piel de ébano, danzaban descargando centellas oscuras sobre su familia, esparciendo su sangre sobre la hierba convirtiéndola en un hermoso campo de rubí, gracias a la luz de la creciente llena.
Se dispersaron pronto para tener una oportunidad de defenderse, y los que no sabían mucho del arte de la guerra corrieron como pudieron. Vervanna con su hija en brazos fue acorralada por  uno de los atacantes el cual fue enfrentado por su hermano menor, dagas en mano y corazón en pecho. Uno, dos cortes. Sentenció y comprobó que roja también era la sangre Drow, pero para su horror comprobó que la suya también y que no llegaría a su hija ver nacer
Con su hermano agonizante en el suelo y su hija en brazos, Vervanna preveo su final, pero de pronto ante sus ojos un elfo de lacio y largo cabello blanco, que ni la más pura nieve puede igualar, trenzado en una larga cola hasta la pantorrilla y dividido a la mitad sobre la corona, de azul mirada tan serena como el más manso lago, atravesó el corazón de su verdugo. Su alivio pronto se tornó de nuevo en miedo al reparar que la piel de este hermoso elfo era tan oscura como la del más negro carbón.
Rápidamente y con disimulo, el drow salvador se llevó el índice a los labios mientras penetraba con su mirada los ojos de Vervanna. De pronto y sin aviso, cual relámpago descargó su espada y del pecho de Vervanna, como de escarlata rio, brotó su sangre, y con maña del Drow sirvió de funesto disfraz para la niña y su madre. Les lanzó sobre el alfombrado suelo y vertió en la boca del hermano el contenido de una pequeña botella que le llenó el pecho y el alma de renovado vigor, le hizo callar con el gesto sublime de sus oceánicos ojos, y silencioso como al llegar, cual fantasma se alejó, y fue así como Vervanna, su hija y su hermano, escaparon aquella noche de un funesto final.
Años después, serena como el caminar de un oso en sus tierras, pero alerta como el búho cazador, Vervanna patrullaba el bosque bajo su cuidado. Entonces, en el lecho del verde forraje de la primavera, como una agonizante bestia sangrando ríos de desdicha, encontró a un drow moribundo de enmarañado cabello blanco como la nieve y piel tan oscura como el ónice. Gran sorpresa desbordó el palpitar de la elfa, pues aquel fantasma nocturno y desconocido era el mismo que ver crecer a su hija le había concedido. Así que en contra del miedo, la desconfianza  y el terror de todos los de su villa, incluyendo a su hermano y a su ya doncella hija, Vervanna en un sublime acto de bondad y agradecimiento, cuidó, alimento y curó al drow, como quien se encarga de una avecilla que encuentra herida.
Con el pasar de muchos otoños y primaveras, rondando el cuarto de siglo, Malakay, el bondadoso y sonriente drow, se ganó el aprecio de Shalirr, hija de Vervanna, y de su esposo Aerael,  pero le tomó muchos más veranos e inviernos ganarse la confianza de toda Ireth. Durante 5 décadas, el elfo de ébano vivió bajo el techo de Vervanna, y también su lecho para aquellos picarillos que me entendéis. Y así, primaveras después del nacimiento de Lylian, hija de Shalirr, nació el fruto del amor de Vervanna y Malakay: Zacknafein, con los oscuros ojos como esmeraldas de su madre, pero compartiendo el níveo cabello y piel de ébano de su padre. Solo entonces toda la villa confió en el drow.
Ah, pero el mal siempre celoso y mugroso busca la amargura del dichoso, mis queridos amiguitos, por eso debéis estar siempre alerta y despiertos, para que no os abrigue una noche de lamentos.
Una hermosa noche de verano la tranquilidad de Vervanna y Malakay se convirtió en pantano. Una criatura déspota, despiadada y sedienta de sangre arrebató, cual ladrón furtivo en un negro agujero, la vida de un cuarto del pueblo de Ireth, y el Finwe se acrecentó por las lágrimas que el resto derramó. Habría sido un pueblo fantasma de no ser porque Malakay, el mortal danzarín, manifestó la letalidad de su fulgurante espada, danzando al ritmo de un réquiem, cantado por el agonizante lamento de los heridos y el desgarrador llanto, cual de infante perdido, de aquellos deprimidos por la nefasta y fugaz perdida de sus amados. El drow y el despiadado vampiro se dañaron uno al otro con elegante atrocidad, la desgarradora escena era hipnótica al tiempo que fantástica, y la única forma en que la macabra y deleitante danza del cisne negro y el pálido terminó, fue porque Malakay en un acto de sacrificio y temeridad, sacrificó su brazo izquierdo y pudo atravesar con la hoja brillante como la plata de luna el corazón mal llamado del vampiro malvado. Esa noche la pobre de Lylian quedó huérfana llorando por la cobardía del demonio sangriento que bebió de sus padres hasta el último aliento.
Luego de su danza mortal con el enemigo inmortal, durante una centuria Malakay desapareció, jamás se supo a donde fue ni que camino labró con sus pies, ni si la danza mortal volvió a utilizar o con quién estuvo, solo que al regresar vivió los 50 años mas pacíficos que un mortal pueda desear. Junto a su amada Vervanna se despidió de este mundo el mismo día, en la tranquilidad del hogar que con un solo brazo ayudó a crear. Se cuenta que en los ojos de Malakay se podía ver una lechosa y opaca luna creciente, regalo de una diosa con un corazón benevolente.
Otoños y primaveras posteriores a la partida de Vervanna y Malakay, Lylian y Zacknafein tomaron votos y las hadas danzaron en la festividad. Todo fue júbilo, como el del ruiseñor al cantar en la mañana. Y para mayor felicidad solo pasaron 3 veranos para que Lylian engendrara en su vientre la poesía cantada junto a un arroyo en septiembre.
Duró poco la felicidad pues una viuda roja, aún deambulaba en el mundo y con sed de venganza, clamaba por su cónyuge desaparecido. Buscó y buscó, y cuando al fin su rastro encontró, supo que su amado vampiro en la espada de Malakay el fin había conocido. Así que envió a su nuevo consorte para vengarse del despreciable linaje que dio fin a su amado duque endiablado. La manera de hacerlo fue rastrera y reprochable; convirtió a Lylian en vampiro para que con la sed ella misma exterminara a todo su linaje. Peor fortuna sufrió esta familia pues su hijo aún estaba en el vientre. Zacknafein, lleno de sentimientos de venganza y confusión, partió en busca de la cruel viuda mas allá de 10 lunas y cientos de leguas, llegando a los reinos humanos que no toleraban a un drow en sus bosques y sus llanos. Se enfrascó en una búsqueda tan larga que mas de cinco mil soles el cielo cruzaron. Mientras, en su hogar, donde los día fueron oscuros y las noches aún más, todo el conocimiento arcano y divino se enfocó en salvar al niño y retener la sed de Lylian mientras aún no daba a luz, pero no pudo contenerse más y no hubo otro remedio que destruirla con premura severidad. Una flecha atravesó su vientre y se incrustó en el pecho de su hijo no nacido, pero esté vivió para ser conocido como “Corazón Roto”, el elfo que nada en su vida debió haber merecido.
La niñez de Corazón Roto fue llena de aislamiento y repudio, pues por infortunio, la sangre del vampiro le infectó y desde el vientre de su madre maldito quedó. Sufre el pobre Corazón Roto la soledad y las sombras que la despiadada inmortal le regaló.
A los 15 años fue llevado al altar que a su madre rendía honor, allí su padre había arribado, tan oscuro y tan fuerte como algunos le habían contado. Frente al altar Zacknafein lloró y agradeció porque por lo menos su hijo viviera, aunque su piel de ébano no fuera. Sorpresivamente, al ser tocado por los rayos del alba, comenzó a humear, se incendió como hoguera de yesca seca, en una estatua de cenizas se convirtió y el viento como a un fantasma se lo llevó. Por encima de las copas de los árboles humo y cenizas danzaron de felicidad ya que ahora era libre y con su amada se encontraría en el mas allá.
Huérfano y maldito Eirnes tuvo que crecer, pensando que la compasión y el amor él no podría merecer. Qué equivocado estaba. Debió transcurrir una centuria con el pesar en el corazón y una sombra de desdicha sin luz alguna en sus ojos, hasta que en una noche invernal no pudo más, y cedió a la cruel tentación del réquiem que toca el viento como un lamento atrayendo a su regazo como un cruel abrazo el cansado corazón del huérfano solitario. Con el frío calando hasta lo más profundo de sus huesos, como agujas en los ojos, tirado en la nieve esperando el fin, las más cálidas manos lo levantaron y llenaron su gris y roto corazón de una extraña pero febril sensación. Desde entonces Eirnes no tuvo más roto su corazón, pues Anali llenaba de dicha primaveral con el rocío de una lluvia al atardecer, toda su alma y todo su ser. Decenas de primaveras, veranos, otoños e inviernos vinieron, pasando como un rebaño de ciervos pastando en la tranquilidad de un valle, y fruto su amor trajo al mundo. Como Arwyn se le conoció y los bardos cantaron su dicha tan alto, fuerte y ferviente, que a oídos de la mal engendrada viuda llegó. Envió a su mejor asesino, que en la noche, cual rastrero reptil la vida de Anali cegó. Con ira de dragón malherido, Eirnes con su corazón partido, por más de 3 lunas le persiguió y ante la tumba de su amada la cabeza cercenada del verdugo colgó. Una vez más Eirnes fue Corazón Roto, reparado a pocos por su hija y la venida de la nueva luz que con su amado Sovelinn concedieron. La pequeña con el cabello tan blanco que ni la más pura nieve puede igualar y la piel pálida como el marfil, llenaba de dicha al deprimido Eirnes que no curaba en su pecho, pues la viuda aún reposa en algún lugar donde no le podía alcanzar.
Una noche de primavera, con la luna llena en lo alto, Eirnes vio con horror cómo los ojos de su nieta cambiaron de color. El azul se desvaneció y con el rojo de la sangre se mezcló, de lavanda fueron sus luceros y Corazón Roto supo que la viuda su sangre venía a reclamar. Rápido corrió con su arco lejos de la villa hasta lo más alto, Sovelinn le siguió y la niña a su tía se le encomendó. La viuda de rojos cabellos como arreboles y pálida piel que siempre Eirnes y sus descendientes compartirían, a la media noche arribó, con un mediano ejército para asegurarse que los vástagos de su odiado enemigo el drow jamás tuvieran la oportunidad de volver a engendrar. Pronunció con sus carnosos labios como cerezas las palabras que a Ireth en leyendas convirtió. Nadie vió la mortal danza de los dos arqueros o el centellear de la espada de la vampiresa, pues por sus vidas también luchaban abajo contra las oscuras fuerzas de la viuda roja, sólo se sabe que, al terminar, Arwyn, llorando un rio por la pérdida de su amado y su padre, en un árbol  llegó a convertirse, y que la viuda a sus malditas tierras regresó con la dicha de que sus cazadores hasta la última alma de la villa destrozaron. Jamás se supo cómo fue el fin de la tía y la niña, pero se dice que en las noches de blanca luna, una triste canción de un infante se escucha en el bosque circundante.


Solon guardián de memorias



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espero lo disfrutaran tanto como yo, si en algún momento mi hermano escribe para mi alguna parte mas de la historia de mi caelianna les estaré dejando el escrito para que pueda disfrutarlo,agradecimiento especial a denisse por las correcciones de ortografía y gramática y a Katsu por las criticas constructivas durante la realización misma del escrito


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